Crestas de Bernia anterioractividadessiguiente
homeitinerarioitinerariocrónicafotos

Dioni GonzálezEl aire acondicionado del coche atemperaba la calurosa tarde de junio mientras circulábamos por la AP-7 en dirección Alicante. En esta ocasión nos dirigimos a la Sierra de Bernia con el ánimo de subir y bajar sus continuas agujas apurando el Sol del atardecer y recorriendo el filo de la sierra hasta llegar por la noche a la cima del Bernia.

Sobre las cinco y media de la tarde iniciamos la marcha desde casas de Bernia (Xaló) donde dejamos los vehículos bajo la sombra de una pinada. Siguiendo las marcas del PRV-7 caminamos por una polvorienta pista que nos lleva a la fuente de Bernia. Sombra y agua fresca en esta calurosa tarde de viernes. Subimos unas escaleras y tomamos la senda que en moderado ascenso nos acerca a los muros de la montaña. Hace calor, mucho calor... y acalorados llegamos al Forat, ese túnel que comunica la parte norte de la sierra con la parte sur. Nos concedemos unos minutos para asomarnos al otro lado y descubrir el horizonte. No tuvimos suerte, hoy no se ve Altea, ni la Serra Gelada, ni el Puig Campana, ni el Peñón d’Ifach, nada de nada, un denso mar de nubes cubre el paisaje, tan solo cachos de huerta, pedazos de mar y algunas viviendas se cuelan entre los claros.

Volvemos al lado norte del Forat y reanudamos la marcha. Ya no hay sendero, ahora subimos siguiendo hitos de piedras y rocas marcadas con puntos rojos. Alcanzamos el collado que nos da paso a la cresta, bordeamos unas rocas y ya estamos en el filo, en el mismo borde de esta muralla natural. Por delante toda una delgada línea dentada de varios kilómetros de longitud, pero las nubes nos impiden ver toda su magnitud. No obstante, las vistas y barrancos de ambos lados son espectaculares.

¡Por fin comienza lo bueno! Comenzamos con el verdadero cresteo. El primer tramo no reviste dificultad, un aéreo subibaja para irnos habituando a la altura. Luego un pequeño destrepe seguido de un paso por una arista de roca. Para algunos, ésta es nuestra primera experiencia por crestas y todavía no estamos acostumbrados a caminar por el filo así que aseguramos el paso con la cuerda y todos cruzamos más tranquilos. Un constante desfile de nubes pasan junto a nosotros privándonos de hermosas panorámicas, pero disfrutamos trepando y progresando por las alturas junto a esa sensación de vacío.

Llegamos a un desnivel vertical de unos 20m, montamos un rápel y uno tras otro vamos descendiendo. Seguimos subiendo algunas trepadas fáciles pero con impresionantes vistas hacia abajo. Poco antes de las nueve llegamos a lo que quizás sea lo más complicado del trazado, un curioso pasillo flanqueado por placas verticales paralelas. El paso requiere escalar una pared de roca lisa con forma de aleta de tiburón de apenas 3m de altura a la que sigue una delgada arista de unos 8m de largo. Ésta es la percepción desde nuestro lado, pero una vez arriba la vertiente opuesta descubre un cortado impresionante. Axel pasó el primero para montar la reunión y asegurar la cordada. Después cada cual salvó el tramo a su aire, de pie por el filo, a caballito para hacer alguna foto o caminando por el lado. Este paso nos llevó algo más de una hora entre maniobras de cuerdas, intercambio de pies de gato y las propias fotos que inmortalizan el momento. Total, que ya estaba oscureciendo cuando reanudamos la marcha.

Por delante avanzan Axel, Lola y Patricia que partieron los primeros nada más cruzar el paso. A treinta minutos les seguimos el resto. Se cierra la noche, la luz de los frontales iluminan nubes y peñascos creando una atmósfera misteriosa. El rumbo está claro, no hay más que seguir el cresterío, pero los puntos rojos que señalan el mejor paso son más difíciles de encontrar. Pronto conectamos con el grupo de Axel que nos esperaba en un montículo con la única luz del frontal de Patricia. Ya todos juntos continuamos progresando hasta el pico del Bernia donde llegamos poco antes de la media noche.

En la cima nos encontramos a dos montañeros que van a hacer vivac, un lugar privilegiado para contemplar la puesta de Sol y despertarse con el amanecer. Junto al poste del vértice geodésico nos detenemos para tomar algo de alimento y reponer fuerzas. Nos agrupamos formando un improvisado círculo y bajo un inmenso cielo estrellado compartimos cena y también anécdotas. Media hora después iniciamos el descenso. Un destrepe con cadena pasamanos, el deslizamiento por una pedrera, un tramo de senda y finalmente una ancha pista por la que Paula y yo nos marcamos una carrerita hasta los coches.

El recorrido nos ha llevado ocho horas, creo que algo más de lo esperado pero ha resultado muy instructivo y sobre todo emocionante.

Componentes: Axel, Dioni, Eduard, Lola, Mª Jesús, Patricia, Paula y Salva